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1. Navidad:
Esperanza en el peligro
Ella dio a
luz un hijo varón que gobernará a todas las naciones
con puño de hierro. Pero su hijo fue arrebatado y llevado
hasta Dios, que está en su trono. Apocalipsis 12:5
Por la gracia de
Dios
llegamos de nuevo al primer domingo del Adviento. Es una oportunidad
que nos da el Señor para volver a empezar un ciclo más
de nuestra vida y nuestro caminar juntos como comunidad de fe.
Comenzamos de nuevo a decir la historia de Jesús, desde su
profetizada venida, pasando por su nacimiento y vida, ministerio de
victoria, muerte, resurrección y ascensión, hasta su
esperado regreso en gloria para juzgar al mundo entero. De eso
vivimos como iglesia, de contar la historia de Jesús. En el
Adviento comenzamos otra vez.
La Navidad
aparece en la
Biblia desde el primer libro, cuando Dios le promete a Abraham que en
su descendencia serían benditas todas las familias de la
tierra (Génesis 12:3), en los profetas que anunciaron que
vendría el Mesías, y que nacería en Belén
de Judea (Miqueas 5:2), que nacería de una virgen (Isaías
7:14), que vendría del tronco de Isaí (Isaías
11:1). Aparece en los relatos del Evangelio, en Lucas entre los
cantos de los ángeles que proclaman la noticia a los pastores,
en Mateo con el relato de los magos exóticos que vinieron del
oriente siguiendo una estrella. En el evangelio de Juan aparece en la
tremenda afirmación que el Verbo que era Dios se hizo carne y
habitó entre nosotros. En las epístolas aparece también
la Navidad cuando Pablo dice en Gálatas 4:4 que Dios envió
a su Hijo para adoptarnos a todos como suyos. Una noticia así
es la más importante de la Biblia, así que aparece
desde el principio hasta el final. La Biblia cierra con broche de oro
con el último libro, el Apocalipsis. Y también en el
Apocalipsis está la Navidad.
Como un relato de
esperanza en medio del peligro, la Navidad aparece en el capítulo
12 del Apocalipsis. La esperanza es representada por una mujer
embarazada y el peligro por un reptil horrible que quiere devorar al
niño que va a nacer.
Una mujer
embarazada
¡Qué señal
tan maravillosa, y qué lugar tan importante se le da a la
mujer como signo de esperanza! Los que insisten en decir que esta
mujer es María (la madre de Jesús) deben notar que el
profeta Juan nunca se arrodilla ante ella ni le hace oración
ni le pide su intercesión, ni la adora, ni le dirige la
palabra. A lo largo del capítulo la mujer es un símbolo
de significado flexible, que al principio simboliza el origen del
Mesías, que proviene de un pueblo, que proviene de una mujer,
que la obra más grande de Dios la realiza por medio de sus
débiles instrumentos humanos. Más delante veremos que
el significado de esa mujer cambia y llega a significar todo el
pueblo de Dios.
La mujer de
Apocalipsis 12
es la misma mujer de Génesis 3:15 Desde las primeras páginas
de la Biblia Dios anuncia que la descendencia de la mujer estaría
en pugna contra la descendencia de la serpiente mentirosa, y que Dios
se las arreglaría para destruirla totalmente por medio de la
descendencia de la mujer.
Esa es la historia
de la
Biblia. Dios se está encargando de sacar de su jardín a
esa serpiente. Y lo está logrando por medio de un hijo de
mujer. Cristo, “el hijo del hombre”, en Apocalipsis 12 es “el
hijo de la mujer”. Esa serpiente ha introducido mentiras que han
amargado la relación entre Dios y los seres humanos. Por medio
de Cristo, Dios se encarga de deshacer esas mentiras, y de pisarle la
cabeza a esa lagartija para siempre.
Una lagartija
rastrera
La Navidad se ha
convertido en un cuento de hadas con lucecitas, campanitas, caramelos
y suaves cancioncitas que nos hablan del tiempo de la inocencia y la
fantasía. Se ha convertido en algo que no tiene absolutamente
nada que decirle al hombre y la mujer de hoy, que viven en un mundo
horrible, de muerte y sufrimiento. En realidad la Navidad es un
asunto grave, una historia seria de peligros de muerte y destrucción.
Cuando Jesús nació, el rey Herodes mandó matar a
todos los niños varones menores a dos años en el pueblo
de Belén. El reptil horrible
queriendo devorar al bebé.
El
dragón se ocupa de destruir la creación de Dios. Las
estrellas hermosas que Dios ha puesto en el cielo con todo cuidado, a
las que Dios llama a cada una por su nombre, este reptil llega y con
un coletazo las tumba sin el menor cuidado ni respeto. Cuando nuestro
hijo tenía seis años, jugaba a construir ciudades con
sus carritos y monitos. Su hermanita cuatro años menor que él,
llegaba y con sus manitas destruía
las construcciones de su hermano. Él decía “ya no te
llamas Luz Daniela, ahora te llamarás Cruz Godzilla”.
Eso
es lo que hace Satanás. Se encarga de destruir lo bueno que
Dios ha creado. Ese dragón está en nuestro mundo
queriendo destruir nuestra vida. Estamos en peligro constantemente.
Ese dragón tiene siete cabezas—todos los gobiernos del mundo
son suyos, y tiene diez cuernos—mucho poder. Sin embargo, llegará
un día cuando el gobierno del mundo entero será de
Cristo y no de esa lagartija usurpadora. Y también sabemos que
mientras que ese dragón horrible tiene diez cuernos, ¡nuestro
Cordero precioso tiene siete! Hay una gran diferencia entre tener
mucho y tener TODO.
La
Navidad en Apocalipsis es un asunto serio, de graves peligros.
Identifiquemos las cosas buenas, que Dios ha hecho, que forman parte
de la buena creación de Dios, y que están en riesgo de
ser rotas por un coletazo de esa lagartija rastrera en nuestra vida.
La Navidad se trata de eso. Dios se encarga de vencer al enemigo por
medio de ese Hijo suyo nacido de mujer. ¿Estamos listos para
participar de ese triunfo de Dios en nosotros o no? ¿Vamos a
vivir la Navidad como esclavos del comercio, como siervos del
mercado? ¿Vamos a participar de la mentira de la sociedad, con
sus celebraciones vacías de una navidad sin sentido? ¿O
vamos a dedicarnos a celebrar la gran victoria de Cristo sobre la
cabeza del dragón? Esta victoria se aplica a todas las áreas
de la vida, desde los asuntos personales hasta los de los gobiernos
de las naciones, a las cuales este pequeño bebé de
Belén regirá con puño y vara de hierro, como el
Rey de reyes y Señor de señores que ya es por su gran
victoria en la cruz del Calvario. ¡Aleluya!
Amén. pastor
joel+
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2. Navidad:
Ya no hay quien nos acuse
Luego
oí en el cielo un gran clamor: “Han llegado ya la salvación
y el poder y el reino de nuestro Dios; ha llegado ya la autoridad de
su Cristo. Porque ha sido expulsado el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios.
Apocalipsis 12:10
La
escena clásica del filme western: el sheriff abre las puertas
del recinto y mira directamente al forajido, con su mano puesta sobre
el revólver. Le dice: “este pueblo es demasiado pequeño
para los dos” “Uno de los dos se tiene que marchar”. Por medio
del ministerio de Jesús en la tierra, su nacimiento,
enseñanzas, milagros, muerte y resurrección, algo
importantísimo pasó en el cielo. Había una lucha
tremenda ocurriendo. Los ángeles de Dios se encargaban de
desalojar al diablo y a sus clones. Al momento de ascender
gloriosamente, es como si Jesús le dijera al demonio: “Este
cielo es demasiado pequeño para los dos” Uno de los dos se
tiene que ir. Así pues, por la vida y ministerio de Cristo, el
diablo ha sido expulsado de la corte celestial. (Lucas 10:18)
Ya
no hay quien nos acuse delante de Dios.
Los
cristianos del primer siglo vivían con una seguridad y una
confianza envidiable: Dios había hecho algo grandioso por
ellos. Por medio de Cristo algo había ocurrido que había
cambiado para siempre las cosas en el cielo. Antes de Cristo, el
diablo estaba acusando día y noche al pueblo de Dios. Cristo
lo cambió todo. En lugar de tener a un acusador ante el trono
de Dios, que constantemente está recordándole a Dios
nuestros pecados y nuestros errores, ahora tenemos a un abogado
defensor (1ª Juan 2:1). Cristo lo ha cambiado todo. Podemos
nosotros también como los primeros cristianos vivir sin tener
miedo. Los primeros cristianos tenían la fuerza para dar
testimonio de su fe en Cristo hasta la muerte. No tenían miedo
de ir a la Presencia de Dios porque aunque fueran imperfectos, sabían
que JesuCristo estaría haciendo fielmente su trabajo de
abogado nuestro.
El
abogado conoce bien a su defendido. Conoce sus puntos débiles,
sin embargo calla al respecto. “Callará de amor”, dice el
profeta (Sofonías 3:17). En lugar de eso, se concentra en
armar su defensa extendiéndose sobre las fortalezas y puntos
buenos de su defendido.
La
vida es muy diferente cuando sabemos que hay alguien defendiéndonos
ante el trono del Padre celestial. El Padre es amoroso y desea
nuestro abrazo arrepentido. Aun que somos imperfectos, el Hijo
constantemente intercede por nosotros como un abogado defensor. Y el
Espíritu traduce nuestras oraciones imperfectas e inmaduras
(Romanos 8:26-27) para que lleguen al trono celestial como incienso
agradable ante el Señor. Se termina la angustia, se disipan
las dudas. Dios nos ama y se ha volcado a nuestro favor. Es para
vivir celebrando que ¡Ya
llegó la salvación, el poder y el reino del Señor
y la autoridad de su Mesías! Porque ha sido expulsado el
acusador de nuestros hermanos… Como
respuesta a tanto amor debemos nosotros igualmente corresponder con
amor. Hemos de ser un pueblo cuyo motor es el amor a Dios que inspira
un estilo de vida sin miedo.
El
enemigo está vencido y le queda poco tiempo.
La
Navidad es el anuncio de la gran victoria de Dios sobre el dragón.
Por medio de la descendencia de la mujer, Dios aplasta la cabeza del
demonio y lo derrota para siempre. Ahora sólo está
dando sus últimas señales de vida. Como un reptil que
ha sido herido de muerte se revuelca y se retuerce antes de morir,
así está el diablo solamente retorciéndose antes
de morir finalmente. Le queda muy poco tiempo de vida, pues ha sido
pisoteado en la cabeza por el poder del amor de JesuCristo.
JesuCristo
no solamente ha vencido al demonio, sino que comparte su victoria con
su pueblo. Dice nuestro texto de Apocalipsis 12 que son nuestros
hermanos quienes han vencido al dragón con la Sangre derramada
del Cordero, y con el mensaje del que este pueblo da testimonio.
Nuestros hermanos, los hermanitos menores de Jesús, quienes
han sido hechos hermanos por la fe de JesuCristo; ellos y ellas son
los victoriosos sobre el enemigo.
¡Qué
diferente se vive la vida sabiendo que hemos vencido al demonio! Se
acabó el miedo. Vivimos en confianza y fortaleza. Aun siendo
nosotros tan pequeños y tan débiles, JesuCristo nos
comparte su victoria. Por medio de la Sangre que Cristo derramó
en su muerte en la cruz, la cual hoy celebramos por medio de la Cena
del Señor. ¿Cómo no celebrar la Navidad?
¡Aleluya!
¿A
quién seguimos nosotros?
Además
de hacernos vivir en seguridad y fortaleza, la victoria de la Navidad
nos obliga a otra consecuencia en el modo de vivir nuestra vida.
Hemos de vivir como seguidores de un gran Abogado defensor, y no de
un acusador perdedor. ¿A quién seguimos nosotros? ¿A
un acusador o a un abogado? Sabemos que nuestros hermanos y hermanas
no son perfectos, pero hemos de concentrarnos en lo bueno (Filipenses
4:8). Hemos de pensar en las cualidades positivas de nuestros
hermanos y hermanas, y convertirnos en sus abogados defensores
también, así como nuestro Cordero es un Abogado. Toda
acusación está inspirada en el oficio del demonio, que
es acusarnos delante de Dios.
Nuestro
oficio es el de defender a nuestros hermanos. Somos una comunidad de
abogados defensores que callan los errores y enfatizan los puntos
buenos. No se trata de solapar el pecado, o hacer la vista gorda a
las injusticias o inmoralidades. Sí tenemos el poder y la
autoridad de confrontar en amor y en firmeza a quien anda mal, pero
directamente y no a sus espaldas. La murmuración es la
cualidad de los débiles y de quienes odian la comunidad.
Hablar mal de otros a sus espaldas es fomentar la muerte de la
iglesia. Esa es labor del enemigo.
Si
alguien en la iglesia no anda bien, hemos de ser comunidad amorosa
que puede confrontar con cariño directamente a la persona
involucrada. Delante de los demás somos sus abogados
defensores. Delante de la persona involucrada somos hermanos
preocupados que muestran interés genuino por enmendar el
camino con el poder del amor. Gracias a Dios por su victoria
efectuada y celebrada en la Navidad. Que Dios nos permita apropiarnos
de esa victoria para vivir sin miedo y ser comunidad de defensores.
Amén. pastor joel+
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