|
Hemos
sido rescatados por la sangre derramada en la cruz de JesuCristo para
presentar nosotros también nuestras vidas enteras a Dios en
un culto
racional. Así asumimos nuestro pasado. Hemos sido sellados
por el
Espíritu Santo para proclamar el
Señorío de JesuCristo—resucitado y
exaltado—en todos los rincones del mundo y de nuestra
existencia. Así
celebramos nuestro futuro. Hemos sido liberados por el Dios de Abraham,
de Isaac y de Jacob para vivir la verdadera comunidad de amor.
Así
concebimos nuestro presente. Hemos sido bautizados en el Nombre del
Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo para preservar y hacer
pertinente
la Buena Nueva de la liberación de Dios a las generaciones,
tanto
presentes como futuras.
Por
lo tanto, convencidos de que el Padre nos ha llamado a construir una
comunidad cristiana por el poder de Su Espíritu, y porque
queremos
valorar esa vocación de ser iglesia de JesuCristo, nosotros
aquí y
ahora nos comprometemos con gozo y reverencia a guardar el siguiente
pacto:
Prometemos caminar juntos en la
adoración. Procuraremos
congregarnos con fidelidad y con fervor para cultivar la vida de
oración comunitaria y el encuentro de adoración a
Dios, buscando
siempre la unidad de la iglesia. Trataremos de profundizar en el
cultivo de la espiritualidad y nos ayudaremos unos a otros en esta
tarea. Presentaremos nuestras ofrendas y diezmos al Señor en
nuestra
comunidad como una sola familia de la fe, y buscaremos el sostenimiento
del ministerio de esta iglesia, contribuyendo fiel y gustosamente para
las distintas necesidades de la iglesia y para bendecir a los
necesitados. Buscaremos que nuestra vida refleje, según el
modelo de
JesuCristo, la justicia del Dios que adoramos.
Prometemos caminar juntos en la
evangelización. Trataremos
de presentar cotidianamente un testimonio coherente de palabras,
actitudes y hechos que proclamen que JesuCristo es nuestro
Señor
delante de toda la gente que nos rodea. Para este fin buscaremos vivir
un estilo de vida sencillo, justo, y responsable. Abriremos nuestros
brazos para recibir a quienes buscan a Dios. Haremos de Yiré
un
santuario de refugio para consolar a los que lloran. Comunicaremos
palabras de vida a quienes han perdido toda esperanza, y alentaremos
los anhelos de quienes todavía creen que Dios puede
transformar
nuestras historias. Además, prometemos tener una actitud
permanente de
apoyo espiritual y material a los esfuerzos misioneros locales,
nacionales e internacionales para llevar el
Señorío de Cristo hasta lo
último de la tierra.
Prometemos caminar juntos en el servicio
cristiano. Lucharemos
por hacer de nuestra iglesia una comunidad alternativa en donde exista
un espacio para la regeneración de la vida humana. Velaremos
unos por
otros en amor fraternal. Porque seguimos a un Maestro que es abogado
defensor, y no acusador, haremos caso al mandato de la Palabra de no
agredirnos mutuamente, no andar en chismes, calumnias, ni enojos
destructivos. Somos guarda de nuestro hermano. No provocaremos la
crítica destructiva de nuestra iglesia ni de sus miembros.
Oraremos
unos por otros y nos ayudaremos mutuamente en tiempos de enfermedad o
necesidad. Buscaremos la pronta reconciliación. Nos
hablaremos con
amabilidad, y seremos tardos para ofendernos. Procuraremos que el amor
fraternal rebase los límites de nuestra comunidad de fe,
para bendecir
a otros quebrantados de corazón, los prójimos a
quienes el Señor nos
manda amar.
Prometemos caminar
juntos en la educación teológica.
Lucharemos por preservar el fiel depósito de la
Revelación para las
generaciones futuras, de manera que no seamos un estorbo para que los
fieles del futuro reciban también la Buena Noticia de la
gracia
liberadora de Dios. También será nuestra tarea y
responsabilidad la
búsqueda constante de la contextualización del
Evangelio para que sea
relevante a nuestro mundo presente. Prometemos acercarnos a la
Revelación de Dios con actitud humilde, dispuestos a ser
transformados
como individuos y como comunidad a la imagen del Hijo, por la
acción
del Espíritu Santo para la gloria del Padre.
Rogamos
al Padre que nos ayude a cumplir esta promesa, al Espíritu
que nos
redarguya y dirija para hacer realidad este pacto, y a JesuCristo que
nos haga crecer juntos en su bendita gracia al seguir como iglesia
fielmente su llamada de amor. Amén.
En resúmen...
Dios nos ha redimido, bautizado y sellado con su Espíritu
para formar
una comunidad que viva el señorío de JesuCristo;
por lo cual nos
comprometemos a:
Adorar juntos fielmente a Dios con todo nuestro
ser.
Proclamar con nuestra vida el mensaje de esperanza
y salvación hoy.
Amarnos los unos a los otros buscando la paz y la
unidad en Cristo Jesús.
Darnos unos a otros un cuidado integral, guiados
por el Espíritu Santo para ser canales de salud y libertad, y
Caminar juntos en el estudio y la
enseñanza de la Revelación de Dios a nuestro
mundo.
Así pedimos al Señor que vivamos cada uno y como
iglesia para la gloria de Su Nombre, Amén.
|